lunes, 1 de septiembre de 2008

Carlos María Fossati Benenati.

"Poto" para sus familiares y amigos, el tercero de seis hermanos, nació el 23 de marzo de 1917. Era, en muchos aspectos, un hermano diferente de los demás: le gustaba mucho bailar, andar a caballo y era un fanático de Gardel. Amaba la guitarra y tenía una colgada al lado de su cama, siempre en silencio. La vida premió esa vocación frustrada con dos hijos, Carlos María y Roberto, una colección de nietos e incluso una bisnieta -Camila-que se han hecho guitarristas y cantores. Estudiaba escuchando siempre a Gardel y fumaba armando los cigarrillos, incluso "picando el naco" que traía de la fábrica de los Fossati del Chuy. Había heredado de su padre su pasión por la filatelia y le gustaba andar en auto a lo que él llamaba la "marcha rendidora": 35 Km. por hora para su Ford A.

No tenía una orientación definida hacia la Medicina y comenzó estudiando odontología. Luego se hizo técnico radiólogo, trabajó algunos años como practicante y con dos socios, los Dres. Pablo Chiara y Juan Carlos Scasso, instaló la “Clínica de Médanos”, centro de transfusiones, banco de sangre, central de oxigenoterapia y consultorios médicos -de calidad prácticamente inigualable- junto al Sanatorio Uruguay. Era una clínica con vida, un foco de atracción para amigos, médicos y no médicos, que al final de la mañana o de la tarde, se juntaban allí para conversar o jugar a las cartas. Esa parte amistosa no empañaba la calidad de la parte médica. En las dos actividades era perfecta, por mérito de Poto y de la gente que lo rodeaba. Dentro del espíritu de la clínica estaban las comidas festivas y los campamentos -siempre con pesquerías incluidas- algunos de ellos memorables, sobre el Río Negro o el Yí,

Se ennovió muy joven con Clara Soares de Lima y se casó con ella el 21 de junio del 43. La familia de Clara era muy numerosa y vivía en el campo, allá por el Queguay y ello hizo que Poto se convirtiera en el "más campero” de todos sus hermanos.

Su carrera médica se dilató por serios problemas de salud, pero pese a ellos, quiso terminarla y se recibió el 21 de julio de 1950. La resolución de terminar su carrera -aunque su problema económico estaba más que resuelto- fue una actitud muy positiva y valiente.

Recibido de médico se vio enfrentado a elegir el sector de la medicina en el que iba a actuar. Le contó a su hermano Guillermo en una conversación a solas. "Yo no puedo hacer cirugía, porque soy muy mayor para comenzar ese entrenamiento...yo no puedo hacer una especialidad extremadamente compleja, porque me quedan pocos años de vida...yo no puedo hacer una especialidad con urgencias, porque ya estoy casi siempre de guardia por las actividades de la Clínica,...yo no puedo hacer una especialidad que me obligue a ir todos los días al hospital, porque esta clínica me necesita: sólo veo una adecuada para mí, la DERMATOLOGÍA". Y fue lo que hizo. Se convirtió en un dermatólogo de avanzada. Con Eustaquio Montero y Juan Gomensoro crearon una "moderna clínica" donde funcionaba un laboratorio de micología, otro de anatomía patológica, un equipo de beta-terapia y donde se hacían ateneos semanales a los que concurrían los más distinguidos dermatólogos.

Pero habiéndose hecho dermatólogo, jamás dejó de ser médico. Era el médico y consejero de toda la familia y tenía una hora para los consejos familiares. Cuando, como era frecuente en cualquier lugar y momento, alguien le hacía "una consultita al paso", él contestaba: "el jueves a las 11 en la Clínica". Era una buena oportunidad para encontrarse y saludar a parientes y amigos.

En 1966, su enfermedad hasta entonces quiescente, se hizo evidente. Entró en insuficiencia renal y pronto fue necesario remplazar la función renal perdida con sesiones de hemodiálisis, inicialmente con un riñón artificial muy primitivo, que obligaba a un complejo operativo en cada conexión, luego –gracias a la colaboración de sus hermanos- pudo adquirir en Buenos Aires un equipo de manejo más sencillo, más apto para tratamientos prolongados. Lo instaló en el sanatorio IMPASA del que era uno de los fundadores y con gran generosidad, propició que se usara para otros pacientes en condiciones similares a la suya. Cuando se estaba gestionando en el exterior la posibilidad de un trasplante renal, técnica que no se hacía aún en el país, hizo una complicación aguda de su nefropatía y falleció el 7 de julio de 1969, a los 52 años. Dejó 5 hijos y sólo conoció a dos de los que serían sus 18 nietos.
Extractado de unas notas biográficas de su hermano, Guillermo Fossati Benenati.

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